¡VIVA LA VIRGEN DEL PINAR!

Este fin de semana deberíamos reunirnos las familias en el entorno de la ermita de Nuestra Señora del Pinar, para celebrar su festividad.

Este año seremos muchos los que no lo podremos hacer y por ello quiero compartir este vídeo en su honor y sentirnos un poco más cercanos.

Un saludo a todos los briqueros ausentes durante stos dias y un recuerdo para aquellos que ya no nos acompañan.

¡VIVA LA VIRGEN DEL PINAR!

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DESGRACIA DURANTE LA ROMERÍA

Ahora que estamos a punto de celebrar la romería de La Virgen del Pinar, no está de más recordar otras anteriores y como habréis deducido no fue por algo bueno.

Al año que viene se cumplirán trescientos años de la que seguramente fue una de las romerías de la Virgen del Pinar más tristes.

El martes tres de junio de mil setecientos veintiuno se celebraba la tradicional romería de Nuestra Señora del Pinar, cuando los sucesos convirtieron la fiesta en tragedia.

Tres jóvenes de Cabezuela Blas de Miguel Escurial, Alberto Gómez Gómez y Josepha de Miguel Martín. Fallecían repentinamente. Aquí os dejo el documento que lo describe y la transcripción por si os resulta dificultosa su lectura:

En la villa de Cantalejo a tres días del mes de Junio del año de mil setecientos veintiuno entre seis y siete de la tarde, martes último día de Pascua de Espíritu Santo, día en que este Pueblo hace una romería a la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora del Pinar, término de esta Villa. Con el concurso de gente de diversos pueblos. Habiendo dicho misa en dicha ermita y santuario, el licenciado Don Urbán de Carrascosa, capellán de las misas del alba en esta iglesia; estando formada la procesión a la sobre dicha hora para volverla a esta iglesia; y conociendo venía una grande tempestad, volvieron a entrar en la referida ermita y estando cantando la letanía de María Santísima¸ después de muchos y grandes truenos y haber llovido con gran impulso  y no del todo serena la tarde; llegaron con toda prisa a llamar al dicho capellán dándole noticia como en término de esta Villa llamado Laguna China (trescientos pasos poco más o menos distante de la referida Ermita) al impulso de una centella habían muerto tres personas y saliendo con toda aceleración llegó al paraje y halló a distancia de veinte pasos que traían entre dos hombres una moza muy maltratada y preguntando si vivían los dichos dos dijeron que no y confeso en el puesto donde la halló a la dicha moza y después pasó a donde estaban los dos y les halló difuntos y volviendo a la Ermita en donde estaba ya la moza se reconcilió con el capellán quien luego vino con la procesión a esta iglesia y preguntando si podía recibir algún sacramento la referida me dijeron que se hallaba con vómito de sangre y luego incontinente pase yo el infrascrito cura con la Santa Unción a la Ermita donde la recibió y la volví a reconciliar y a las dos de la noche mas o menos murió el día siguiente y en dicho día di sepultura a todos tres cuerpos y asistió al entierro el lugar de la Cabezuela de donde eran naturales y trajeron la cera de sus cofradías y para que conste lo firmé en Cantalejo dicho día mes y año.

Joseph Lopez de

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Una gacería de verano

Portada de la novela

Ya tenemos a la venta la novela en papel, si no estas por Cantalejo o Segovia y la quieres comprar lo puedes hacer desde aquí.

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Contraportada

Ya se puede conseguir en la librería Entre libros de la calle José Zorrilla de Segovia. En Liquisport en la calle Blanca de Silos 22, también en Segovia. y en Cantalejo.com, la tienda de informática de Marisa, en Cantalejo.

 

Ya iremos informando de los lugares de presentación.

Por si alguien no sabe de qué va os dejamos un retazo del primer capítulo.

Como cada brejé ——y ya había perdido la cuenta de cuántos fueron—— en la mañana de San Marcos, Fausto y su familia tomaban la polvorosa con rumbo a los vilaches, donde vender los chiflos fabricados en el otoño y el invierno pasados, como hicieron sus sievos y los sievos de sus sievos durante generaciones.
En esta ocasión, el tiempo y las averías les respetaron; no como el anterior, que llovió gran parte del camino y, para colmo, se descuajeringó un rayo de la rueda, que hizo que tardaran una jornada más. Esta temporada, en las mañanas lució el sol y con temperaturas agradables, y en las noches hacía fole, sin llegar a helura.
Era un singular espectáculo la llegada de los chifleros con todos sus archiperres. Los estillosos, tumbados en la tabla rejera del carro, ordenados de mayor a menor tamaño. En el interior de los huecos que dejaban, se veían las ochavas, dentro del vientre de estas: los celemines y harneros pitoches con rejilla fina, como los que usaban de coladores en los culisores de las pautras.
En difícil equilibrio sobre todo ello y desafiando a la gravedad, rilateras de taburetes colocados con gran habilidad. Por los telares, atados a las estaquillas colgaban las bricas, cedazos y alguna que otra banqueta. En el cajón inferior se guardaban los mazos, escoplos, martillos, chiflas, tallifos, alambres y todas las herramientas necesarias para las reparaciones que llevarán a cabo a lo largo del verano….>

——¡Sievo, sievo, han piniado a Pedro, el Mequero! —espetó el garcín.
——¿Las ha pirriado Pedro, el Mequero? —preguntó Fausto.
——No, sievo, que le han piniado, que le han quillado con la chafarota. Que he atervado como se lo garleaba el estafaperdines al embrollón de sinífaros —respondió el motardo.>

Espero que os guste.Mi comprar ahora

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ARCHIPERRES PURETAS

Recuerdos puretas.

IMG_20180818_210306–Como añoro aquellos tiempos, donde soportado por las potas de los manes cernía harinas de maizo, que palizas me daban –añoraba el harnero.

–Dímelo a mí –le respondía la brica–,  que perdí el tallifo cribando garbellos o alventando mochetas.

–Pues yo disfrutaba recorriendo la pautra por todos sus rincones guiada por las potas alegres de las gacinas —rememoraba con su voz cantarina la barendera.

–Yo ya estaba harto de dar vueltas en la parva –se quejaba el taburete de chiflo–, si apenas me queda estoba en el asiento.

–No se de que te quejas, que a nosotros nos abandonaron las palas metálicas sin que ni siquiera hubieran perdido  el filo –se lamentaba uno de los mangos de azadón.

–Pues anda que yo, que no recuerdo cuando fue la última ocasión en la que depositaron mincha en mis entrañas —garleó la fresquera desde el fondo.

Recostados en el frío suelo, atervaban en silencio la entre, las astillosas y cabrios.

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CAMBIO DE MAIRE EN EL VILORIO SIERTE

El pasado sábado 15 de junio se llevó a cabo cambio de gobierno municipal en el Vilorio Sierte.

alcalde Cantalejo 1

Los resultados de los comicios del pasado 26 de mayo, han hecho que por una diferencia de algo más de 100 votos, la mengalla de mando pasa a las potas del representante del Partido Popular, Javier de Lucas.

Ahora el nuevo Engrullón del Vilorio Sierte y su equipo, dispondrán de arba brejes para ejecutar el programa con el que han conseguido esta victoria.

Entre los puntos importantes de este cabe destacar:

  • La adecuación de la casa cedida por los hermanos de San Juan de Dios, como centro de día y residencia de válidos para poder aumentar el numero de puretas asistidos en la actual residencia.
  • la creación de un nuevo polígono industrial, donde puedan asentarse nuevas empresas.
  • la mejora y conservación de las carreteras y caminos actuales y la creación de nuevas infraestructuras agrarias.
  • Mejorar las infraestructuras deportivas y el uso de la plaza de toros para la realización de este tipo de eventos.

Deseamos a la nuevo Maire y su corporación, prosa de suerte y que con estas medidas logre detener la perdida de manes y sionas, que durante los últimos guaque brejes ha sido de nada menos que 464 habitantes, lo que supone más del 11% de la población de nuestro Vilorio.

 

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UN VERANO MUY GAZO

arriero

UN VERANO MUY GAZO

(novela con gacería)

PRIMERA PARTE

EL REENCUENTRO ANUAL

 

Por fin el rodoso llegaba a la plaza de la jaima del vilorio de destino. Ya eran arba los días trascurridos desde que partieron del Vilorio Sierte.

Como cada brejé y ya había perdido la cuenta de cuantos fueron, en la mañana de San Marcos, Fausto y su familia tomaban la polvorosa con rumbo a los vilaches donde vender los chiflos fabricados en el otoño y el invierno pasados, como hicieron sus sievos y los sievos de sus sievos durante generaciones.

En esta ocasión el tiempo y las averías les respetaron; no como el anterior que llovió gran parte del camino y para colmo se descuajeringo un rayo de la rueda, que hizo que tardaran una jornada más. Esta temporada las mañanas lució el sol y con temperaturas agradables y en las noches hacía fole, sin llegar a helura

Era un singular espectáculo la llegada de los chifleros con todos sus archiperres.

Los estillosos, tumbados en la tabla rejera del carro, ordenados de mayor a menor tamaño. En el interior de los huecos que dejaban se veían las ochavas, dentro del vientre de estas los celemines y harneros pitoches con rejilla fina, como los que usaban de coladores en los culisores de las pautras.

En difícil equilibrio sobre todo ello y desafiando a la gravedad, rilateras de taburetes colocados con gran habilidad. Por los telares, atados a las estaquillas colgaban las bricas, cedazos y alguna que otra banqueta. En el cajón inferior se guardaban los mazos, escoplos, martillos, chiflas, tallifos, alambres y todas las herramientas necesarias para las reparaciones que llevarán a cabo a lo largo del verano.

Encabezaba la comitiva el briquero tirando del ramal cerca de la mollerera del tisarro que estaba entre varas. A su lado caminaba Juana, su siona, una mujer delgada y fibrosa, de mirada clara y afable. Agarrada a la saya de esta se dicaba a María Luisa, la pitoche del clan, justo detrás de ellas siguiendo sus pasos se encontraba Laura, motarda maja, bien proporcionada y que pulía más músculos que los motilones de su edad. Cerrando el grupo y agarrando la barra del freno, por si tuviera que usarlo en algún momento, se hallaba Joaquín, un motilón espelujao, que a muchos les parecía ser un pansinsal, pero era un lebrel que se cusquiaba de todo.

Apenas pisaron la plazoleta ya pudieron guilar al fondo de la misma el talón donde se alojaban brejé tras brejé.

En su entrada se atervaba a la señora Martina, la talonera, siona oronda y rebosante de simpatía. A pesar de la distancia se podían apreciar sus mejillas rojas, que parecían cresta de carlista.

Vestía filosa, jubón y basquiña todo negro, así como el pañuelo que cubría sus hombros, pues guardaba un luto casi permanente y unas andantas bastante puretas del mismo color.

¡Miguel, Miguel! —Se la oye llamar con insistencia, a la vez que gira la monda hacia el establecimiento— ¡que ya están aquí los trilleros!

Al punto aparece por la puerta el tío “Miguelón” el talonero. Hombre recio de grandes entradas, que son tapadas por una gallarusa sin capar.

Viste una filosa sin cuellos, chaleco oscuro perfectamente abotonado, donde se guila como en uno de los botones hay enganchada una cadena de plata en la que esta unido el reloj que descansa en uno de sus bolsillos. El pantalón de pana negra muy andado y alpargatas de cáñamo.

¡Fausto! —exclama desde el talón,

¡Señor Miguel! —le replica este mientras se abrazan dándose al unísono sendas palmadas en las espaldas, que resuenan en medio vilorio,

Aquí otra temporada de nuevo—garlea el briquero.

—Y que sean bastantes más y las veamos todos —le responde el anfitrión—. ¿Cómo ha ido el invierno, mucho frio?

—Como siempre, ya sabes que a nosotros por allá no nos faltan las nieves y heladas para curar bien la matanza —le fala con un gesto de complicidad.

El señor Miguelón, soltándose del recién llegado fija la mirada en la siona del chiflero y la espeta:

Cada año te veo más joven Juana.

Eso demuestra que tú estás más viejo y que te falla  la vista —le contesta con una sonrisa ella y se acerca para plantar ambos besos sobre las mejillas del man.

Desde detrás del grupo se oye a Laura decir a buen volumen:

¿Y a mí qué, me encuentra más vieja?

—¡Anda leches! si parece que es la Laurita, pensé que te habían dejado en el pueblo y contratado una criada para que les ayudara —faló él soltando una fuerte carcajada—. ¡Pero si eras apenas una niña!

Antes de que me saquen más los colores ¿Dónde está la Felipa? —pregunta la motilona.

Donde va a estar, en la cocina trajinando y pensado a saber que —responde la anfitriona.

O en quien —entra en la conversación Juana.

Pues que yo no me entere —resuena el vozarrón del propietario del talón—, que echo mano de la quitapenas y lo deslomo.

Ahora la carcajada era general.

Anda —ordena la chiflera a su motarda—, acércate y la ayudas con la comida y no le deis mucho a la muy.

—Tú Joaquinete ¿no te cuentas nada? —interroga Martina girándose hacia el motilón.

Este, que estaba colocando los mozos al carro para que estuviera algo más cómodo el tisarro, garlea todo serio:

Yo lo que tengo es mucha lusa —Expresión que provocó más risas.

Y tú pequeña ¿qué haces? —le fala la talonera a la pitoche, que se medio esconde entre los manteos de su sieva—, ¿me das un beso?

Con su pregunta la siona provoca que la motardina se esconda hasta desaparecer tras la briquera.

Ya sabes que esta me ha salió una esaboría —la contesta la cantalejana.

Bueno —dice Miguel dirigiéndose al matrimonio—, ya está preparada la habitación de siempre para vosotros. En la alcoba de al lado de la vuestra, hemos puesto solo una cama para las chicas, si viniera tu sobrina nos avisas y ponemos otra.

Al chaval le va a tocar dormir unos días en el pajar, en tanto dure la feria. Luego ya le preparamos un aposento digno —mientras, dicaba furtivamente al motardo por guilar si ponía cara de disgusto.

Joaquín intentaba disimular su alegría, si por él fuera pasaría todo el verano en el estobar. Pues si bien no era el lugar más acogedor del mundo, en cambio le facilitaba una libertad de movimientos que no tendría al sorniar dentro del talón.

Cuando sus obligaciones se lo permitían, solía hacer escapadas al anochecer y esconderse por las cercanías de la fuente a donde se llegaban las motilonas con los cascosos de ura para llenarlos y de paso pelar la pava con sus pretendientes. Le divertía atervar la garleación que se traían los enamorados.

De vez en cuando, alguna pareja se ocultaba en las sombras que proporcionaba la alta torre de la jaima. Hasta que alguien daba el queo con la llegada de sionas, que preocupadas con la tardanza de sus motardinas, se aproximaban al chorro con otro cascorro como disimulando y entonces regresaban las parejas desaparecidas. Ellas atusándose las vestiduras y los manes volvían a desaparecer en las polvorosas de los alrededores, excepto los ennoviados formales, que sonreían recordando que  hacía poco tiempo tenían que ser ellos los que lotaban para esconderse.

También disfrutaba escuchando los sonidos del estobar que se encontraba sobre las mandorreras. Escuchaba el ululato de la lechuza al acecho de algún roedor, con la competencia directa de los garcía que por allí rondaban y que eran imposibles de detectar.

En las noches de bochorno gustaba de sornear al moyano, atervando las estrellas y sorniarse arrullado con el canto de los grillos y las ranas.

De repente su sievo le saca de estos pensamientos garleándole:

A ver Juaquinete, ahora llevas el carro al corral, le aseguras con los tente-mozos. Sueltas a los tisarros y los dejas en la mandorrera, les botas ura, maíza y algo de estoba y cuida bien al nuevo, que se ha portado siertería.

Le falaba esto mientras dicaba al macho que compraron el invierno pasado a su cuñado Aquilino que se pulía tratante de mandorros. Le vendió un tisarro burreño de salba brejés y reiso negro. Según le comento, no tenía ni tacha ni vicio alguno; virtudes que pudo comprobar en este viaje, ya que apenas tuvieron que enganchar al “morgas”, un mandorro romo con más de diez abriles, el otro jumento con el que contaba la familia.

El animal valía los mil quinientos plantines que tendrían que pagar por él y que el hermano de su mujer les había hecho el favor para que lo hicieran en dos veces. El primer pago sería el día de San Luis del presente año y el segundo por Santiago del próximo.

Después te acercas al culisor a minchar, mañana descargaremos y dejamos en el rodoso un chiflo grande y la pareja de pitoches que hicimos para el sacristán y se los llevamos a primera hora.

El joven asintió con la monda y salió espirdangao a cumplir las tareas asignadas.

A continuación Fausto se giró para seguir al resto de familiares, que junto a los taloneros ya traspasaban el portalón que daba acceso a un enorme patio, todo él empedrado con cantos redondeados  que evitan que en los días de lluvia se embarrasen las andantas.

A la diestra se atervaban algunas picanterras escarbando en unos restos de triunfas. Un poco más al fondo el carlista paseaba orgulloso mostrando sus colores acerados y soltando de cuando en cuando su quiquiriquí para marcar su territorio. Detrás de ellos se hallaba el gumarrero, a su lado se guipaban las mandorreras y adosado a su pared un gran almacén, hacia el que se dirigía Joaquín.

Sobre todo ello, un sobrado donde se podían guilar algún surrapeiro de maízo, varias barazas y prosa estoba, que usaban tanto para los animales como para llenar surrapeiras y utilizarlas como piltras.

En la fachada del edificio principal estaba el paso en sí al establecimiento, una puerta en forma de arco, coronada por una frondosa parra.

Traspasada esta, en la zona derecha, un espacio diáfano que servía como zona para misir. Ancladas a una de las paredes, unas estanterías con piñatos, cascosas y varios cascorros. Frente a ellas, un mostrador de astilloso de temblón que se utilizaba como barra de bayuca.

Atendiendo este se encontraba una motilona, que se afanaba en servir unos moles a los pocos parroquianos que ocupaban las guaque mesas que pulían para las misisiones. En una de estas salba manes daban buena cuenta de un cascoso de bayorte y piniaban picosas a golpe de pota.

En la parte izquierda del local se dicaba la escalera por la que se llegaba hasta los sorniaderos y entre esta y el minchador se atervaba la entrada al culisor.

La joven y los ocupantes del bayuco saludaron afablemente a los recién llegados, hacía mucho tiempo que eran conocidos, algunos desde motardines  y se emplazaron para verse en próximas ocasiones para falar de lo acontecido durante el invierno.

Acto seguido el cabeza de familia, Juana y la pitoche, se encaminaron hacia los aposentos para dejar los hatillos en las habitaciones, en tanto los dueños entraron en el culisor.

Esta era una estancia espaciosa, con una mesa enorme que ocupaba el centro de la misma. Al fondo un espectacular hogar de lumbre baja, con sus trébedes y un par de calderas que colgaban de cadenas. En el interior ardían unos troncos y al amor de la lumbre se dican los piñatos con la misisión para la jornada.

Atendiendo a las tizneras se diquelaba a las dos motardas, que estaban poniéndose al día de sus cosas.

La motardina de los taloneros era tan solo un par de brejés mayor que Laura y trataba a esta como hermana puesto que la vio nacer, echo que ocurrió en este mismo talón y pasaban muchas horas juntas cuando la sieva salía a enchinar.

La Martina apremió a las jóvenes para que prepararan los cubiertos, ya que cedo manducarían.

Media hora más tarde se encontraban todos a la espera de Joaquín sentados y en animada entre, garleando de los acontecimientos ocurridos en los meses que habían estando separados y esperando para misir las triunfas con urdalla de velloso que Felipa preparó con esmero.

De pronto apareció en la puerta el motilón, que con la cara desencajada y de forma atropellada faló:

—¡Sievo, sievo, han piniado a Pedro el mequero! —espetó el garcín.

—¿Las ha pirriado Pedro el mequero?—preguntó Fausto.

—No sievo, que le han piniado, que le han quillado con la chafarota. Que he atervado como se lo garleaba el estafaperdines al embrollón de sinífaros —respondió el motardo.

Continuará…                                 si quereis

 

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LA COJITA

Esta tarde se me ha metido en la mollera de forma machacona una canción que mi sieva garleaba a los más pitoches,  no recuerdo si llevaba algún tipo de juego o coreografía, de todas formas y en homenaje a ella pongo la letra y el vídeo.

LA COJITA

Desde pequeñita me quedé,

Me quedé,

Algo resentida de éste pié,

De éste pié

Y aunque yo sé

Que soy una cojita

Disimular, lo disimulo bien

Tras, tras,
que te doy un puntapié

Tras, tras,
que te doy un puntapié.

 

Desde pequeñita me quedé,

Me quedé

Algo resentida de éste pié,

De éste pié

Y aunque yo sé

Que soy una cojita

Disimular,
lo disimulo bien

Tras, tras,
que te doy un puntapié

Tras, tras,
que te doy un puntapié.

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LOS CANTOS DE CARA

cantos de cara trozos

El juego de los cantos de cara es un juego de motilonas del Vilorío Sierte, no tengo constancia de su practica en otros lugares.

La explicación del juego es desde el punto de vista de un motilon que aterva a las garcinas jugar, por lo que puede que falten normas, si así fuera pido a las sionas que jugaban nos lo garleen, que para eso están los comentarios.

¿QUE SON LOS CANTOS DE CARA?

Los cantos de cara, son trozos de porcelana rota, por ejemplo de platos, tazas, fuentes, etc. Solo valían los que tenían alguna parte de dibujo, los blancos enteros no se usaban.

cantos de cara 2cantos de cara 1

La mecánica del juego era similar a la del juego de los alfileres, se hacia un montoncito de tierra y en el se enterraban los cantos de cara de cada jugadora, pactados anteriormente.

montoncito para cantos de cara

Una vez que estaban escondidos dentro del montoncito, con una piedra se golpeaba por turnos en el montón, cuando aparecía algún canto de cara lo recogía la tiradora para ella, seguía tirando siempre que apareciera alguno y perdía el turno cuando no salia nada y pasaba a la siguiente jugadora, el juego terminaba cuando aparecían todos los cantos de cara.

una curiosidad era cuando no aparecía algún canto de cara y había que terminar el juego porque se acababa el recreo o llamaban las sievas para ir a la pautra. el montoncito de arena se rehacía esta vez en forma alargada y se iban trazando sobre el surcos con el dedo, primero de forma longitudinal y después a lo ancho mientras se recitaba “lagarto lagarto si no me devuelves mi canto, te parto, te parto” y cosa curiosa solía aparecer bastante pronto, creo que era así, vuelvo a pedir ayuda a las sionas

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JUGAMOS A DOLA

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DOLA

El juego de Dola

Hace unos días Pedro Gomez en un comentario nos ponía sobre la pista de un juego tradicional de Cantalejo, hace ya tiempo que tenia pensado tratar este juego pero la falta de información que hay de el en otros lugares me hacía pensar que mis recuerdos me jugaban una mala pasada y podía estar equivocado en el nombre, pero gracias a Pedro he visto que no era así. Vamos a ver el Juego en Cantalejo.

Este juego es conocido en otros lugares como “pídola” dentro de las definiciones que he visto de otros lugares, el mas parecido es el de Madridejos que es muy similar a como jugábamos nosotros vamos al juego

EL JUEGO DE LA DOLA

Jugaban tradicionalmente niños, no se necesitaba mucho terreno, pues con unos metros a lo largo había bastante, por lo que se podía jugar en cualquier parte, aunque generalmente se hacía en las plazas y sobre todo en el bordillo de las escuelas ya que tras el no estaba asfaltado y las caídas eran menos dolorosas, y se practicaba bastante. Se hacía un lomito estrecho de tierra, que iba a ser el que serviría de raya o de utilizaba un bordillo de acera que era desde donde se saltaba. No se hacía la raya en el suelo, porque al pisarla no se notaba a penas, y sin embargo en el lomo de la tierra se veía a la perfección, y así no había discusiones “de que no la he pisado, de que si la has pisado”. Para ver el que sería el que hiciera de BURRO, se hacía a suerte. habia muchas formas de hacerlo  normalmente a “una, dola, tela, catola o se  cogía uno una china, y en la espalda para no ser visto, la ponía en una de sus manos y las cerraba las dos. Luego presentaba los puños a otro, que elegía uno. Si no tenía la piedra había ganado, y se quedaba con ella el mismo, que volvía a repetirlo. Cuando alguno eligió donde estaba, entonces este se quedaba con ella, y el que la había tenido quedaba libre. De esta forma el último que se quedaba con ella, era el perdedor, el que tenía que hacer de BURRO. Se doblaba por el tronco y por la cintura atravesado, con la cabeza en la parte derecha del que tenía que saltar sobre él. El saltador tomaba carrerilla, y corriendo ponía las manos en la espalda del agachado BURRO, pasaba la pierna izquierda por la parte de la cabeza, y la derecha por el culete, y de esta forma pasaba por encima al otro lado. Así saltaban todos, y entonces el agachado se retiraba un poco corto del lomo de tierra que hacía de raya. Se volvía a saltar de nuevo y si todos pasaban, el BURRO se retiraba otro poco más, al final la distancia era considerable, y no se podía hacer solamente de un brinco, entonces se usaba “medias” y “pasos” antes de saltar cada jugador debía decir como saltaría “dola”, saltaba sin apoyar ningún pie entre la raya y el burro, “media”, antes de saltar daba un pequeño paso y cuando ya estaba lejos eran el numero de zancadas que daría antes de saltar, ejemplo “2” dabas 2 zancadas antes de saltar. El orden de salto lo determinaba el numero de pasos dados antes de saltar, el primero era el que lo hiciera con menos. había veces que se apuraba el salto con lo que se hacia desde bastante lejos y al apoyar las manos en la espalda del burro dolía. Si alguno por apurar mucho pisaba un poco la raya, perdía y entonces relevaba al agachado y tenía que ponerse de BURRO al principio de la raya. También perdía, el que  no llegaba a pasar por encima del BURRO al otro lado con los pasos que dijo que lo haría, pues para él estaba muy retirado. Cuando más se realizaba este juego eran los recreos.

 

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La otra GACERÍA

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Nuestras Palabras

hace ya bastante tiempo uno de nuestros lectores “Chusé” me puso sobre la pista, me hizo llegar un programa del Vilorio Sierte donde aparece un articulo muy curioso, siento decir a Chusé que no he encontrado al autor del mismo que firma como P M G y como me parece una siertería lo transcribo completo y si alguno se anima a poner alguna mas puede usar los comentarios que pondremos todas, eso sí poner el significado, gracias.

“LA OTRA GACERÍA”

(Otros “palabros” de mi ciudad)

Más de una vez he observado, en el curso de una conversación, la perplejidad de mi interlocutor ante el uso de alguna particular palabra cuyo significado desconocía, ya que pertenecía al uso exclusivo de mi localidad.

Así fue, como después de comprobar que el número de esas palabras no era en modo alguno reducido, me dispuse a “curiosear” de alguna forma en ese elenco de palabras e irlas recopilando. No era mi pretensión ni mucho menos llevar a cabo una investigación en toda regla, respaldada por serios conocimientos lingüísticos; pero sí podría ser un inicio para expertos o verdaderos profesionales en la materia. Esta recogida de vocablos, ha sido pues un trabajo de calle limitado en el tiempo aunque muy fructífero, y sólo responde a un interés particular.

Si bien es cierto mi desconocimiento en temas del lenguaje, no es así en otros donde mis competencias profesionales me han llevado al descubrimiento de ciertas características personales y psicológicas de los cantalejanos.

A primera vista, se vuelve a poner de manifiesto una cierta y peculiar facilidad para inventar o generar palabras que especifiquen y hagan más efectiva la comunicación verbal. Y digo que se vuelve a manifestar porque la Gacería es prueba más que suficiente de ello. Todos o casi todos los términos que aquí se exponen no pertenecen a ella o por lo menos no se han encontrado en las referencias bibliográficas que obran en mi poder, ni tampoco en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Más de uno de los que esto leen, se asombraría cuando compruebe que la palabra “sancochado” no tiene en este Diccionario el significado que cualquier cantalejano le da a las arrugas que aparecen en los dedos después de permanecer mucho tiempo dentro del agua, y que además no hay palabra en castellano que lo designe.

He verificado someramente que el uso de la mayoría-de las palabras expuestas se circunscribe en efecto a esta ciudad, siendo desconocidas en algunos pueblos próximos.

Por otro lado, desconozco el origen de estas palabras, si realmente son inventadas, se han recogido de otros lugares, se han modificado a partir de otras, o también, por qué no, se han elaborado haciendo corresponder a la palabra un símil sonoro (como podría ocurrir en algunos adjetivos calificativos tales como “escotofia” con claras connotaciones despectivas).

La ortografía utilizada, obviamente es inventada, ya que sólo poseo información verbal de estas palabras, ignorando si hay o ha habido algún uso de las mismas en versión escrita.

Un hecho curioso a reseñar es la forma en que los ciudadanos han respondido a esta recogida de palabras, ya que han puesto de manifiesto su carácter abierto, participativo y espontáneo. Tengo que matizar que nadie ha sido imparcial o pasivo, pues esta forma de evocar o suscitar palabras llega y afecta a su sensibilidad y a su mundo personal, afectivo y social.

Digamos que forma parte de su memoria e historia y eso remueve muchas emociones, situaciones y personas. Este es el motivo principal que me ha impulsado a hacer partícipes a todos los cantalejanos de esta muestra de palabras emotivas y curiosas, quedando abierta igualmente a cualquier tipo de aportación al respecto.

Otro motivo, no menos importante, sería el llamamiento al uso de estas palabras para que no caigan en el desuso y puedan ser consideradas como un bagaje cultural y una forma de enriquecer una lengua abierta y en constante cambio, como es el castellano.

En esta recogida de vocablos han participado activamente: Julián, Charo, Alfonso, Marisa, Miguel Ángel, Conchi, Valentín, Eloísa, Rufino y Pinar e indirectamente familiares y amigos de estos.

A todos ellos agradezco su colaboración.

P.M. G.

 

VERBOS

Cusquiar

Trampar

Albentar

Espiazar

Espurruchar

Atalampar

Estorruntar

Estronzar

Esmorroñar

Choquetear

Engurriar

Asquiñar

SUSTANTIVOS

Achiperres

Sonabirón

Turruntera

Biruji

Chínfano

Rilatera

Amogado

Platete

Morgas

Pedoncho

Espurriaera

Chingoleta

Lavindia

Yelgue

Carambujo

Champlazo

Chichiveo

Zocorro

Lique

Chisquereta

Rescarbajo

ADJETIVOS

Pansinsal

Espelujado

Apalominado

Corretaja

Laguman

Galdorra

Cebollo

Cicuécara

Jirulo

Escotofia

Bolinga

Sollaíto

Tontilón

Tilbo

Ajigolado

Enrinche

Mansitas

Tildao

Echamente

Cimpámpano

Alipende

Coreto

Dola

PALABRAS QUE SE

ENCUENTRAN EN EL

DICCIONARIO PERO CON

OTRO SIGNIFICADO

Reseco (sed)

Ajustador (sujetador)

Calandrias (pesetas)

Mandanga (tortazo)

Zaragüelles (pinchos)

Invite (….)

Canto (piedra pequeña)

Vate (tomo de cromos)

Piquera (herida en la cabeza)

Folla (cara de mala leche)

Jupa (trabajo excesivo)

Osca (juego infantil)

Tito (garbanzo)

Descuajeringar (de risa por ejemplo)

Enjaquimar (propinar..)

Maja (guapa, agradable…)

Lebrel (peyorativo)

Sancochado (piel reblandecida)

Camándulas (peyorativo)

Percal (panorama, aspecto de una

situación….)

Alipondiao (torcido, de mala manera.)

 

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